MARINA RIVAS

 

Cuando un atleta triunfa, no sólo es fruto de su trabajo personal. Sin duda, buena parte del mérito es gracias a su otro cincuenta por ciento, su entrenador. O, en este caso, entrenadora. A primera vista, Ester Lahoz y Carmen Rodríguez no tienen mucho en común, salvo que ambas aman este deporte y decidieron continuar en él desde otro punto de vista. Ellas fueron las mujeres ponentes en el I Congreso Nacional de Entrenadores que se celebró la pasada semana y es que, gracias a su dedicación a los demás, sus méritos cosechados y sus ganas por seguir creciendo, se han convertido en referentes dentro del ámbito nacional.

Lahoz: “Mi talento ha sido mi constancia”:
A muchos les sonará el nombre de Lahoz. Tal vez, quizá, por sus 54 internacionalidades o por sus dos juegos olímpicos a la espalda. “He sido una atleta atípica porque empecé tarde (a los 18 años), de hecho, a los tres años de empezar ya fui a mis primeros internacionales”, recuerda. La vida de una atleta la construyen sus vivencias y, lo sucedido en Seúl 1988 le marcó de por vida dado que, por un fallo burocrático, el equipo de relevos femenino no pudo participar. Así lo recuerda: “Antes no tenías que confirmar a los atletas que hacían el relevo, se impuso a partir de Seúl. Llevamos el impreso con los nombres de las atletas y en cámara de llamadas nos dijeron que no había llegado. Nosotras estábamos ya listas para entrar en la pista y allí nos echaron para atrás”. Y concluye: “Después de aquello me juré que en Barcelona iba a ser olímpica”. Y así fue.

Aunque su afán por experimentar nuevos campos le llevó a convertirse en entrenadora a los 24 años, mientras también se desarrollaba como atleta. “Siempre he tenido claro que yo quería entrenar velocidad y vallas, primero con chicas, porque consideraba que había pocos entrenadores que se dedicaran exclusivamente a potenciar a las mujeres. Luego aparecieron chicos que querían entrenar conmigo”, se sincera la maña. Explica que nunca ha tenido ningún problema por falta de credibilidad al ser mujer y entrenadora y que, de hecho, fue ella quien decidió empezar con el sector femenino aunque ahora entrene a más chicos, algunos de ellos de alto rendimiento.

Su fuerte es la constancia y eso es lo que le ha llevado a lograr todo lo que se ha propuesto. Éste es el mensaje que quiere enviar a sus atletas. “Siempre he tenido fama de ser muy constante. No he sido ninguna superdotada. Mi talento ha sido constancia”, asegura. A lo que añade: “Quiero transmitirles que el trabajo da sus frutos y que si entrenan bien, la competición es un premio”. Un premio como el que ha llevado al equipo absoluto masculino de 4×400 y al femenino Sub23 de 4×100 a acaparar todas las miradas este año. “Estos éxitos son un tirón, van a ser el espejo donde muchos se van a querer mirar”, asegura Lahoz, que algo entiende de esta prueba. Y aprovecha para pronosticar: “Lo difícil de los relevos es encontrar a cuatro o cinco atletas que estén en un momento dulce, en plena forma e ilusionados con lo que hacen. Espero que vayamos incluso a mejor estos próximos años”, explica, ilusionada.

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Rodríguez: “Sigue existiendo androcentrismo en el deporte”:
En la parte contraria de la tabla se encuentra Rodríguez, profesora de educación física en la Facultad de Educación de Sevilla y responsable del área de formación y del sector de velocidad y vallas de la Federación Andaluza, además de atleta nacional. “Creo que siempre he sido la eterna invisible”, comenta la granadina. Aunque la realidad es bien diferente. No destacó por ser atleta, de hecho, recuerda: “Yo era una atleta mala, pero dicen que los atletas malos somos buenos entrenadores”, asegura, aunque manteniendo el tono bromista. Y es que su historia de iniciación al atletismo resulta peculiar: “Yo jugaba a baloncesto, fútbol… Pero, como iba todos los días corriendo 5 kilómetros para llegar de mi casa al colegio, dos veces al día más la vuelta, creo que eso me sirvió de algo para empezar a correr”, argumenta.

Poco después de aquello, Rodríguez comenzó a labrarse su futuro como entrenadora. No quería perder el tiempo y a los 17 años, antes incluso de que Lahoz se iniciase como atleta, ya gestionaba su propio grupo de entreno en un colegio. Hoy, es la creadora, junto a su marido, del Club Alamillo de Sevilla, con 105 atletas a su cargo, algunos de ellos también de alto rendimiento. Su trabajo le ha llevado a ir tachando metas de la lista, aunque en lugar de acomodarse, prefiere seguir luchando por la visibilidad de los problemas que le afectan. “Sigue existiendo un androcentrismo en la visión del deporte que tenemos que seguir trabajando para cambiar. Cuando te pones a trabajar con los atletas y ven que eres profesional, ahí ya no hay inconvenientes, pero el problema es llegar hasta ahí”, argumenta la técnica.

Fiel defensora de la igualdad de género, ha realizado estudios sobre esta causa y explica: “El aumento de las entrenadoras es mínimo, pero cuando te las encuentras son de alto nivel, son muy brillantes. Otras muchas se quedan en el camino por desgracia…”. ¿La solución? Ella lo tiene claro: partir desde la base. “Son problemas educacionales. Hay que partir de la base para arreglarlo. Van saliendo programas y ayudas pero necesita más gente que lo mueva”. A lo que aprovecha para añadir: “Creo que la Federación va por buen camino porque se está implicando mucha gente y con una visión más abierta”.

Aunque no sólo esta es una cuestión que se deba comenzar a trabajar desde abajo. En lo que respecta a su sector, explica: “En España hay mucha materia prima en el sector de velocidad y vallas y no se trabaja, no se apuesta por ella. Hace falta seguimiento de los atletas y más apoyo al sistema deportivo, también desde el punto de vista de la promoción del deporte desde los centros educativos”. En definitiva, mucho trabajo por delante aunque, desde otro punto de vista, un inmenso margen de mejora para el futuro del atletismo español si, entre todos, aprendemos a potenciarlo.

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