En el país donde la envidia es el deporte nacional, aquellos que frivolizan con el oro de la cántabra de infinita carrera atlética deberían escudriñar en la historia olímpica para chequear cuántos campeones han decidido el título a su favor con sólo tres brincos. Con la épica inmanente a una colosal hazaña alcanzada en horario intempestivo Ruth manejó las preposiciones a su antojo, dejando con sueño a los españoles y sin sueño a sus, más numerosas que nunca, contrincantes. Para la más agradecida de las atletas, las siglas RT nunca significarán uno de los muchos ‘retweets’ que le solicitan, sino Ramón Torralbo.

– Ruth, apenas unas horas antes de la gran final de aquél ya legendario 20 de agosto de 2016 escribiste un premonitorio tuit que decía: “a veces los sueños se hacen realidad”, ¿por qué lo escribiste, confiabas ciegamente en ti?

– Había muchas personas que me estaban siguiendo y apoyando; me vino ese pensamiento y me apetecía compartirlo con la gente; afortunadamente, en mis cuartos Juegos Olímpicos se cumplió el sueño, gracias a mi 50% Ramón Torralbo y tuvimos la suerte de conseguir lo más grande que puede alcanzar un deportista.

– ¿Cómo encaraste la circunstancia de ser la primera en saltar?

– Cuando el sorteó deparó que saltase la primera en la competición más importante de mi vida pensé que ésa iba a ser mi baza, el saltar las alturas a la primera y poner un poco nerviosas a las rivales.

– Al saltar 1,97 al primer intento, en solo tu tercer salto de la final, ¿tuviste la impresión de que tenías muchas posibilidades de conseguir una medalla?

– Hasta que no acabé mi concurso, después del tercer nulo sobre 2,00 estaba concentrada en la competición; luego ya me fui a la zona donde estaba mi entrenador y pedí silencio para los saltos de las demás atletas. Cuando la búlgara Demireva falló ya era pódium seguro, había hecho historia y Ramón y yo nos miramos en ese momento; a continuación derribó Blanka Vlasic y pensé: “¿qué está pasando?, ya tengo la plata”, me parecía en ese momento que no podía pedir más, porque quedaba por saltar Chaunte Howard, que era la líder del año con 2,01 y una gran especialista del tercer intento, pero cuando tiró el listón y me convertí en campeona olímpica ahí brotó toda la emoción contenida durante tanto tiempo, 26 años; tuve que trepar para llegar adonde estaba Ramón, había una fosa y me tuvo que ayudar un fotógrafo para poder abrazarle y darle un beso; la verdad es que estábamos los dos radiantes de felicidad y ya después cogí la bandera y me paseé con ella, fue algo inolvidable.

– Se dio la paradoja de que el nivel de la calificación fue altísimo, con 17 mujeres superando el 1,94 y sin embargo apenas tres centímetros más, 1,97 fueron suficiente para ganar el oro, ¿hubo alguna circunstancia que os perjudicara en la final?

– Había llovido ese día y la pista estaba mojada, íbamos buscando parches en el suelo que estuvieran secos; en todo caso, era toda una final olímpica e influyen muchas cosas; yo desde luego no le doy más vueltas; me hace gracia, porque, cuando en la final por ejemplo de un 1500 las dos primeras vueltas son muy lentas y se gana el oro con 3:50, como pasó allí mismo en Río, ¿alguien le quita valor al campeón y opina que la final no ha tenido un gran nivel? Lo importante es la victoria, todas nos enfrentábamos a las mismas circunstancias y nadie se acordará después con qué marca se ganó la medalla de oro en el salto de altura femenino en los JJOO de Río de Janeiro.

-¿Tu salto de 1,97 fue el mejor de todos, crees que ahí te elevaste por encima de 2,00?

– Es posible, pero simplemente en ese momento hice el salto que tenía que hacer para seguir en el concurso.

– ¿Siempre saltas a tope, con independencia de a qué altura esté situado el listón?

– Sí, no es posible calibrar el esfuerzo en el salto de manera que saltes ‘solo’ 1,85 o 1,90, saltamos siempre a tope, intentando hacer el mejor salto posible; realmente, al ser el concurso cada vez más exigente, cada salto sirve para ir puliendo detalles técnicos que pueden ser muy importantes en las alturas finales.

– Tras el oro olímpico supongo que te fue muy complicado llevar una vida ‘normal’…

– ¡Ufff! en los siguientes dos semanas, sólo dormí en condiciones las noches anteriores a Paris y Londres; el día del oro llegué muy tarde a la villa olímpica, tuve que madrugar, luego el viaje…en todo caso tengo que agradecer a los periodistas que respetaran mi trabajo en el sentido de que aún me quedaban dos competiciones de la Diamond League y pude entrenar lo suficiente para rendir bien tanto en Paris como en Zurich.

– ¿Qué dirías que te ha faltado este año para saltar los 2,00 en alguna ocasión?

– Creo que estaba para ello; en Zurich por ejemplo había pasado con el cuerpo el 2,02 y lo tiré con los pies.

– En redes sociales del ámbito laboral se te pone como ejemplo de ‘plan de negocio’ pensado para que dé resultados en el largo plazo, no en el corto, ¿cuál ha sido el secreto?

– La planificación de Ramón ha sido siempre exquisita, siempre nos ha tratado como personas, muy por encima de nuestra condición de atletas y nunca ha intentado conseguir un rendimiento para el que no estuviésemos capacitados, nunca ha forzado la preparación, ha sido siempre paso a paso; además, se ha preocupado de que todos sus atletas estudiáramos, en su grupo hay médicos, ingenieros, fisioterapeutas, él mismo fue una de las primeras promociones del INEF y ha dado clase en la Universidad de Cantabria. Nos ha enseñado los valores del deporte, tengo claro que soy lo que soy gracias al deporte.

– Dijiste que llegarías hasta Río y cumpliste el objetivo marcado. Este oro olímpico, ¿cuánta gasolina para continuar el viaje supone?

– Supone un empujón para seguir entrenando; en el viaje de vuelta de Zurich, cuando llegamos Ramón y yo a Bilbao, cogimos el coche allí hacia Santander y en el camino me dijo Ramón: “hay que ponerse nuevos objetivos, ¿te has dado cuenta de que no has sido todavía campeona del mundo? Pues el año que viene hay Mundial en Londres”. Me hizo gracia el comentario y aunque tenemos claro que una temporada como la que ahora acaba va a ser irrepetible, seguiremos trabajando con las mismas ganas de siempre, seguiremos disfrutando, nos caeremos y nos levantaremos y con las mismas personas de siempre.

– ¿Cómo valoras la distinción de "primera atleta femenina de la historia en ser campeona olímpica’?

– Yo creo que aún no he despertado del sueño (risas), aún lo estoy asimilando; siento mucho orgullo y satisfacción y considero que somos unos privilegiados por hacer lo que nos gusta y que la gente lo valore; tengo la gran suerte de tener un maravilloso grupo multidisciplinar: además de Ramón, la psicóloga Toñi Martos hace un trabajo impecable, Julia García me facilita mucho todo lo relacionado con las competiciones, mi masajista Adolfo Hernández, que me lleva desde hace muchos años también; este año hemos incorporado también al hijo de Ramón, Sergio Torralbo, que es fisioterapeuta y siempre está ahí si le necesito y como hay otro Torralbo hemos incorporado también a otro Beitia (risas), mi hermano Joaquín, que nos ha ayudado mucho también.

– ¿En qué parcela ha colaborado Joaquín?

– Después de los Juegos de Londres me propuso trabajar conmigo para mejorar mi posición corporal y no tener dolores de espalda. Ya en 2010, tras año y medio de investigación, creó una actividad enfocada a prevenir las posibles disfunciones del suelo pélvico a través de la reeducación postural, que se llama hipolates. Cuando empecé con Joaquín tenía muchos dolores de espalda, una cifosis pronunciada y una gran rotación interna de hombros y en ese sentido hemos mejorado muchísimo. Actualmente, siempre que el calendario me lo permita, hacemos dos sesiones semanales de 30m cada una.

– Los otros dos campeones olímpicos de nuestro deporte (Fermín Cacho y Daniel Plaza) lo fueron compitiendo en casa, en Barcelona 92, por lo que ganaste en Río el primer oro fuera de nuestras fronteras, ¿crees que eso dota de más valor a tu título?

– Sinceramente, me he encontrado muy a gusto en Río, las condiciones, tanto de humedad como de temperatura fueron muy similares a lo que estoy acostumbrada en verano en Santander; realmente, tenía la sensación en Río de estar de vacaciones, ¡como suena! (risas) porque durante 11 meses al año compagino el atletismo con mi trabajo en el Parlamento cántabro y en Río me sentí atleta a tiempo completo y la verdad es que se nota la diferencia.

– Finalmente tu progresión olímpica se confirmó y tras tu séptimo puesto de Pekín y el cuarto de Londres volviste a mejorar tres puestos para encaramarte a la primera posición, ¿no te parecía una premonición esa estadística? Tu objetivo de cara a los Juegos era una medalla, pero no es lo mismo un bronce que un oro…

– Efectivamente, el sueño era ‘simplemente’ una medalla, y el hecho de que finalmente haya sido de oro supone la mejor culminación posible a una trayectoria que empecé con 11 años, ya de la mano de Ramón Torralbo. Yo sabía que estaba muy bien, porque había hecho en Río unos entrenamientos buenísimos, aunque Ramón no me dejó saltar mucho porque prefería que hiciera los saltos en la competición. Lamentablemente, la medalla no se puede partir en dos, pero ahí está en el Museo de Santander para que todo el mundo la pueda ver.

– Recientemente se ha cambiado la denominación del Complejo Municipal de La Albericia y pasa a llevar tu nombre, ¿qué tal te ha sentado esa distinción?

– Me ha sentado fenomenal, es un verdadero orgullo para mí, aunque creo que seguiremos yendo a entrenar a ‘La Albericia’ (risas). En todo caso, creo que sería muy bueno y justo que el módulo cubierto llevase el nombre de Ramón Torralbo.

– ¿Has cambiado en las últimas temporadas tu carrera de aproximación hacia el listón?

– Sí, fue a raíz del Europeo de pista cubierta de Praga del año pasado, que fue la única competición en la que no pude disfrutar porque era una pista flotante y no conseguí adaptarme a ella y a partir de ahí decidimos cambiar: antes empezaba ya lanzada y ahora doy nueve pasos de parada. Me siento más segura así, mucho más estable de camino al listón, además de que me da tiempo a rectificar si veo que la entrada al listón no va a ser buena.

– Mucho se ha escrito sobre la gris actuación de buena parte de los atletas españoles en los JJO de Río, ¿cómo ves el tema?

– Como capitana de la selección me siento muy orgullosa de cada uno de los miembros de la selección; hay que tener en cuenta que las mínimas de participación son exigentes y todos los que han ido ha sido méritos propios, a nadie se le ha regalado su selección y estoy segura de que han dado el 100% de lo que tenían. Luego hay circunstancias diversas, por ejemplo la experiencia es fundamental en estas competiciones y muchos de los atletas competían en sus primeros JJOO, seguro que tendrán la oportunidad de mejorar en los siguientes Juegos; yo misma en Atenas 2004 no me clasifiqué para la final. También es importante salir con frecuencia a competir fuera, yo por ejemplo tengo esa oportunidad pero no todos la tienen. Lo que nunca haré será juzgar la actuación de mis compañeros, para hacer balance ya está la Dirección Técnica.

– Con el nivel de psicología que demuestras en competición, llevas camino de ser una gran psicóloga deportiva; cuando empieces a ejercer vas a tener lista de espera…

– ¡Qué va! (risas), eso es mérito de Toñi Martos; por cierto, animaría a la gente, a los deportistas jóvenes que están empezando, a trabajar con ella; yo creo que como ella trabaja conmigo, que soy una atleta ya ‘hecha’ quizá les dé miedo a algunos trabajar con Toñi, pero estoy segura de que sería muy positivo para ellos.

– De todas las felicitaciones que has recibido, ¿cuál te ha gustado o sorprendido más?

– Todas tienen su parte bonita y me han gustado mucho aunque le daría la vuelta a la pregunta y me quedaría con los ánimos y las muestras de interés que recibes cuando estás lesionada o tienes cualquier contratiempo.

– Siempre que en una especialidad hay un gran campeón hay un efecto llamada, que lleva a los jóvenes a imitar a la estrella y se inician en esa disciplina; sin embargo parece que cuesta encontrar a tu sucesora en la altura…

– Es verdad que en salto de altura no se había destacado tanto con anterioridad; los récords están para batirse y a mí me encantaría que en el futuro saliera alguien que me los quitara, pero eso es algo que cuesta mucho tiempo y trabajo, hay que ir poco a poco.

– En tu calidad de diputada cántabra, ¿qué te parece la coyuntura política que vivimos en España?

– Pienso que debe primar lo que los españoles en su conjunto han decidido y el partido que ha tenido más votos es el Partido Popular; creo que por responsabilidad democrática los demás partidos deberían permitir gobernar a Mariano Rajoy.

-¿Qué pregunta no te han hecho nunca y te gustaría que te hiciesen?

– Cuando voy a colegios a estar un rato con los niños y compartir mis experiencias la verdad es que me hacen unas preguntas buenísimas, me quedo siempre gratamente sorprendida, pero me las quedo para mí (risas) y espero que me sigan sorprendiendo. Este otoño se proclamará al nuevo presidente de la RFEA, en sustitución de José María Odriozola, presidente durante 28 años, ¿qué esperas de las elecciones?

– Hay tres candidaturas (Raúl Chapado, Isidoro Hornillos y Manel González) y espero que gane el mejor para que nuestro atletismo siga en el sitio que le corresponde. Tengo que decir que Odriozola ha sido un gran presidente, para mí el mejor, aunque es verdad que sólo le he conocido a él (risas).